El secreto de María
Caminar de la mano de María, mujer del hágase, confiándole cada noche mi vida y repitiendo con ella: «Hágase en mí según tu Palabra».
Creo en la potencia de una palabra pequeña que puede cambiar toda una vida. Solo tiene seis letras: «Hágase». Es una palabra sencilla. Tan sencilla que puede pasar desapercibida. Pero en el Evangelio esa palabra tiene una fuerza impresionante. Porque en un momento muy concreto de la historia, una joven de Nazaret la pronunció… y el mundo cambió para siempre.
A veces imaginamos la escena de la Anunciación de manera demasiado tranquila. Un ángel aparece. María escucha y responde. Todo parece casi fácil. Pero si lo pensamos bien, lo que está sucediendo es algo inmenso.
El ángel le anuncia algo que rompe completamente sus planes. Algo que nadie podría haber imaginado. Algo que seguramente provocaría incomprensión, sospechas, preguntas difíciles. Y en medio de todo eso, María pronuncia su respuesta: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Ese «hágase» no es una resignación. Es un acto radical de libertad. María no entiende todo lo que va a suceder. No tiene el mapa completo de su vida. Pero confía. Confía en que Dios sabe lo que hace. Confía en que el amor de Dios es más grande que sus miedos. Y por eso puede decir sí.Si uno mira con atención la historia de los santos, descubre algo curioso. Cada uno tiene una personalidad distinta. Caminos distintos. Vocaciones distintas. Algunos fueron contemplativos, otros misioneros, otros grandes pensadores, otros personas sencillas y escondidas. Pero todos tienen algo en común. Todos aprendieron, de una manera u otra, a decir “hágase”.
La vida cristiana, al fin, no consiste en controlar todo, consiste en aprender a confiar. San Pablo lo decía con una frase que resume muy bien este misterio: «Todo coopera para el bien de los que aman a Dios». Esto no significa que todo sea fácil y tampoco significa que no haya momentos oscuros. Significa que incluso en medio de las dificultades, Dios sigue trabajando en la historia.
La espiritualidad de la Familia Chevalier ha mirado siempre a María con un nombre muy especial: Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Porque María es la mujer que mejor ha comprendido el corazón de su Hijo. Ella lo llevó en su vientre, lo vio crecer, escuchó sus palabras, guardó todo en su corazón. Y estuvo allí cuando ese corazón fue traspasado en la cruz. Nadie ha estado tan cerca del Corazón de Jesús como María. Por eso el padre Julio Chevalier invitaba a acudir siempre a ella con una oración muy sencilla: «Que el amor del Corazón de Jesús ilumine mi mente, fortalezca mi voluntad y me llene de su amor. Pido su ayuda a través de la intercesión de Nuestra Señora del Sagrado Corazón». María nos conduce hacia su corazón, nos enseña a confiar, nos enseña a caminar incluso cuando no vemos todo claro. El Libro de Vida termina con una invitación muy concreta: «Caminar de la mano de María, mujer del hágase, confiándole cada noche mi vida y repitiendo con ella: “Hágase en mí según tu Palabra”». Es un gesto sencillo, antes de dormir o cuando el día termina o cuando uno repasa lo que ha vivido. Las alegrías. Los errores. Las decisiones. Las dudas. Y en medio de todo eso, repetir con María una palabra que abre el corazón a Dios: Hágase.
Hágase en mis sueños.
Hágase en mis proyectos.
Hágase también en mis miedos y en mis fragilidades.
Hágase.
Nuestra Señora del Sagrado Corazón, enséñame a confiar como tú.
Cuando no entienda el camino, cuando tenga miedo del futuro,
cuando mis planes se tambaleen, recuérdame tu palabra.
Y ayúdame a repetir contigo, con sencillez y confianza:
Señor, hágase en mí según tu Palabra.
Nuestra Señora del Sagrado Corazón, ruega por nosotros