Nuestra Señora del Sagrado Corazón
Origen de un nombre nacido de la confianza
El título Nuestra Señora del Sagrado Corazón nace de una historia de fe audaz y abandono total en Dios. El padre Julio Chevalier y el padre Emile Maugenest confiaron desde el inicio el sueño de su congregación a la Virgen. En medio de dificultades económicas y obstáculos, hicieron una novena pidiendo su ayuda… y el 8 de diciembre de 1854 llegó la primera señal providencial.
Años después, en la parroquia de Issoudun, sellaron un pacto: honrarían a María con un título especial si volvía a sostener la obra. Y así sucedió.
En 1857, mientras comenzaba la construcción de la basílica, el P. Chevalier pronunció sencillamente: “La honraremos con el título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón”.
Desde entonces, esta invocación se extendió por el mundo como un canto de confianza y amor.
Abogada en las causas difíciles
Pronunciar este nombre es reconocer el misterio más profundo: Dios eligió a María para formar en su seno el Corazón de Jesús.
Este título nos habla del poder de amor que el Señor ha confiado a su Madre y de su misión constante:
llevarnos al Corazón de su Hijo y abrirnos sus tesoros de misericordia.
Nuestra Señora del Sagrado Corazón es la Madre compasiva que escucha, acompaña y derrama gracias sobre quienes la invocan con confianza.
Por eso la tradición la reconoce como Abogada en las causas difíciles y desesperadas, porque nada queda fuera del amor que une su corazón al de Cristo.
Un camino seguro hacia el Corazón de Jesús
La imagen lo expresa con una belleza sencilla:
María sostiene al Niño Jesús, que muestra su Corazón mientras nos señala a su Madre.
Es el mensaje del Evangelio hecho icono:
a Jesús por medio de María.
Ella es la bendita entre todas las mujeres, Madre de los hombres y guía segura hacia el amor infinito de Cristo.
Su único deseo es conducirnos al Corazón que sana, consuela y transforma la vida.